martes, 17 de noviembre de 2009

UNA CHICA ESPECIAL


Ella es una linda chica, la conocí en la universidad, entre clases de anatomía con cadáveres y tertulias baratas en el jardín botánico , en esa época tan solo llevaba su entusiasmo y sus pequeños 16 años encima .Tan solo para dibujar el escenario: ella alta como podía ser su sueño ,piel canela que siempre envidie (aunque se q ella no me lo creerá porque en esa época yo andaba detrás de gente un poco desteñida), coqueta hasta por los poros, llevaba siempre un cofrecito al lado, misma poción mágica, yo : cabello largo hasta la cintura amarrado en una cola ( detestaba el cabello suelto),unos jeans horribles y los polos de mi hermano encima que tapaban las caderas que detestaba(las cosas cambian )
teníamos en común la fuerza que nos daba el sueño que perseguíamos, pocos meses después de arduas horas de clase, ética barata y algunas lecciones mas estábamos por explotar, creo q no entendíamos la razón primaria por la que llegamos aquí.

Nuestra amistad se fue cimentando más y mas por las cosas que suelen unir a los amigos, algunos corazones rotos , algunas inquietudes y tonterías de mi parte, salidas e incursiones al mundo animal del cual no hemos salido con vida aun.
En esa época solía observar con fascinación la facilidad que tenia de encantarse ,no recuerdo época en la que mi querida camarada no haya estado “ilusionada” enamorada” “encamotada” o cosas afines.
Creo y pienso ahora que su estado de enamoramiento continuo hizo preguntarme porque yo no podía ilusionarme igual o al menos un 25% de lo que ella lo hacia, eso ya era bastante.
Lagrimas, fiesta, conversas, sueños, confidencias hacían que esta mujer se hiciera cada mas imprescindible en mi vida.
Recuerdo que en esa época fue donde empezó todo y nunca mas volvería a ser la misma.
La cuestión es que han pasado los años y esta mujer se a convertido, no error, esta mujer es una de las personas mas especiales que han pasado por mi vida, y agradezco cada minuto por tenerla a mi lado …te quiero kaponsky
Empezare a escribir nuestras memorias